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El trueno es parte de una gran chispa atmosférica
por: Matias Mormandi
El trueno es la parte audible de una gran chispa atmosférica. La música es la parte audible de una gran chispa atmosférica. Casi todo lo que llamamos “todo”, sucede dentro de la atmósfera. La grandeza de la emoción no tiene medida. Un día se inventó la batería, eso sucedió, como todo lo que sucede, en una inexplicable situación llena de problemas y sobre todo soluciones de supervivencia. Un día se juntaron varios instrumentos de percusión en una batería, adaptados los platillos y el tambor más grave a pedales, que permitieron que un solo tocador armara un ensamble de percusión, entre las cuales el redoblante, adaptado o desarrollado para la guerra, para sonar a través de grandes distancias, se destacó por su poder. Luego de unos cien años la batería es una pieza incuestionable de la “música mayoritaria”.

Eso que nació para sonar mucho y a lo lejos, hoy necesita asordinarse para no molestar a vecinos, concubinos, sobrinos. Necesita resolver problemas de transporte y aminorar su natural estentor. Paradoja. Si la gente no nos unimos en pos de un ejercicio democrático real, que nos haga actores de la ley, autores de la ley, ejercitadores de las necesidades y posibilidades democráticas, al menos, hacemos lo que hacemos fuera de los límites de la ley (no por violarla, sino por sus vacíos) o en los pequeños lugares que ella nos deja: la primera década del milenio en buenos aires fue como una lenta rehabilitación de una larga depresión cultural que comenzó con la industria del rock y terminó con el entierro del tango y la evaporación del supuesto rock nacional.

Las políticas culturales nunca sirvieron para nada, ya que los más grandes valores culturales están gestados y desarrollados por los autores o actores en su instinto e inteligencia de supervivencia de la vida y su hermosura. El tango, moneda mundial, nació a pesar de las políticas culturales. Y murió a pesar de ellas. En la segunda década del milenio en buenos aires, se nota la clara época de las casas: la mayor y más libre y real y democrática y económica y auténtica celebración de música se hace en las casas, casas transformadas en centros culturales, más o menos adaptadas a estas funciones, casas no transformadas en nada, que abren sus puertas a un público boca en boca que por poco dinero pueden escuchar, charlar, beber, comer sano y pasar unas hermosas horas de reunión fuera de comercios, intermediaros, y modos impuestos por la tradición que muchas veces caduca y pierde el sentido. Salvado el problema de la batería, el inmediato problema es el del aplauso, que más que la suave música molesta a los amargos vecinos o los muy necesitados de silencio. Qué bueno Buenos Aires en la era de las casas.